31 de julio
Una vida tiene un principio y un final. Pero una vida tiene muchas vidas, y cada una de las vidas de una vida tiene un principio y un final.
Una vida tiene muchos principios y muchos finales. Y lo que ocurre entre un principio y un final es una vida entera, pase el tiempo que pase.
Cada una de las vidas de una vida es una unidad que tiene sentido en sí misma, una rutina o falta de rutina diferente a las rutinas o faltas de rutina anterior y posterior. Un cambio, y una vida puede terminar. Una vida es una vida tal y como la conocemos, y cuando se desmorona, deja de ser esa vida para empezar a ser otra, aunque la vida que las contiene no se acabe.
Una vida siempre tiene vida, pero alguna de las vidas de una vida puede que no tenga vida. Puede que entre un final y otro, entre una vida y otra, haya un tiempo sin vida, que constituye una vida más, una unidad separada de las vidas adyacentes completa en sí misma. Eso es, completa.
Cada una de las vidas de una vida es en sí misma completa. Aunque todas las vidas de una vida están relacionadas en el sujeto, que es el hilo de unión, cada una puede entenderse por separado, con su principio y su final, y con su vida propia.
Una vida puede ser un verano, o un día, o trece días, o un curso, o un año. La mejor de mis vidas puede durar lo que duran mis diecinueve años más seis días, y quién sabe si esa vida, la mejor de mis vidas, ya ha terminado, o continuará con un nuevo número en las decenas de mi edad.
Pensaba que esta vida había acabado hace un mes, pero me había equivocado. También puede ser que dentro de esta vida, la mejor de mis vidas, haya una subvida de trece días de duración, apartado de todo el mundo conocido en medio de un bosque, con una rutina diferente, con unas sensaciones que darán lugar a recuerdos especiales. Esa subvida sí que ha terminado, y ha contribuido, con todo lo demás, a que esta vida sea la mejor de mis vidas. Y quién sabe si esta vida, la mejor de mis vidas, ya ha terminado.
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