Hoy lloré, y no existe llorar de alegría.
Llorar de alegría no es más
que derramar lágrimas conscientes
de que el momento se acaba,
la risa se quiebra,
el tiempo mata.
Mientras, pensamos,
en medio de nuestro inmenso ego,
que somos nosotros los que tenemos la sartén por el mango,
que al pasar las horas matamos el tiempo.
Patético.
Pensé incluso, a ratos,
que podría dejar pasar el tiempo,
y ya no hay quien me perdone,
ni tiempo que me permita pasar de largo.
Harto.
De mí, harto. ¿Quién podría no estarlo?
Tiempo, olvídame
junto con todos tus humanos vasallos.
Que nadie pregunte al desaparecer,
que nadie se inmute si no vuelvo a nacer.
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