En silencio me deslumbra un nuevo día.
Y en la oscuridad me callo.
La angustia existencial otra vez, me visita,
o ni siquiera se fue después de ayer.
Ardo.
Ardo siempre que pienso en mañana,
no pienso en otra cosa.
Me da miedo el tiempo que nos mata.
Qué estúpido tiene que sonar esto.
En mi cabeza ya no suenan las campanas del juicio final,
el ruido del presente es mucho más inquietante.
La incertidumbre del ahora y qué pasará después.
Qué más da ahora el último suspiro,
ojalá ya lo estuviera dando.
Pero no, aquí seguimos.
Esperando.
Con el tiempo y su guiñar de ojos macabro,
con cómo arrebata el hoy sin hacernos caso.
Qué estúpido tiene que sonar esto,
un canto quejándome del tiempo.
No podríamos no existir,
no podría dejarnos en paz.
No seríamos nosotros los creadores del mar
con nuestro llanto.
No podría él recibir y dar,
en vez de robarnos.
No podría yo dejar de pensar
de vez en cuando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario