Los días van ganándole la partida al sol
que no se cansay sigue dándome rayos rojos a través de las rendijas
de la persiana bajada.
Me levanto, con esta mil veces,
a echar un trago de algo que mate mi cuerpo,
para estar en sintonía con el alma.
El domingo se eterniza
e invade toda la semana.
Escribo algo de verdad por una vez
y no me atrevo a dejarlo vivo.
Borro mis palabras, desaparecen mis huellas,
y yo me quedo aquí, en mi agujero, escondido.
... (y un último verso que no se atreve a aparecer).
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