El tiempo se ofusca.
...
Blancas mariposas
tienen lo que buscan.
¡Son tan curiosas!
Revolotean
entre las amapolas...
Ahora chispea,
y ellas lo notan.
Echan a volar
sin pensar en el futuro,
sin saber que en un segundo
se pondrá a granizar.
Asustados, los árboles
intentan avisarlas,
agitando sus ramas
de aquí para allá.
Pero llega el viento,
cruel y contento,
y las mariposas
llegan al final.
Una se ha caído;
creo que fue el granizo...
No se puede levantar.
Nadie la socorre.
¡Demasiado torpe!
Ya no hay vuelta atrás.
Y ahora, las demás
olvidan la crisis,
sale el arco iris...
Bonito final...
jueves, 19 de abril de 2012
martes, 17 de abril de 2012
Sólo ida.
Dos antenas parabólicas
que se convierten en pájaros
mientras contemplo los ácaros
de esta estancia melancólica.
El Sol se ha escondido ya.
¿Y tú sí entiendes de qué?
Mañana, otra vez saldrá.
¿De dónde? O mejor: ¿por qué?
Porque se lo he dicho yo,
que sin él no puedo verte.
Lejos de este mar de suerte
sólo queda una canción;
que escucho sobre mi cama
viendo, junto a mí, sentada,
a mi vida descarriada
y a una musa despeinada;
porque su pelo me arropa
como la copa del árbol
que aún no ha crecido tanto
para ver caer sus hojas.
Y entre otras hojas caídas,
veo pasar, muertos, mis pies,
que saben que te veré
en este viaje de ida...
que se convierten en pájaros
mientras contemplo los ácaros
de esta estancia melancólica.
El Sol se ha escondido ya.
¿Y tú sí entiendes de qué?
Mañana, otra vez saldrá.
¿De dónde? O mejor: ¿por qué?
Porque se lo he dicho yo,
que sin él no puedo verte.
Lejos de este mar de suerte
sólo queda una canción;
que escucho sobre mi cama
viendo, junto a mí, sentada,
a mi vida descarriada
y a una musa despeinada;
porque su pelo me arropa
como la copa del árbol
que aún no ha crecido tanto
para ver caer sus hojas.
Y entre otras hojas caídas,
veo pasar, muertos, mis pies,
que saben que te veré
en este viaje de ida...
domingo, 8 de abril de 2012
Ayer... Hoy...
No me dijo que venía…
Ni siquiera un pobre gesto
me avisó de su anarquía…
Ni miradas, ni sonrisas.
Empezó a pedirme más
como nunca habría soñado
y a la vez que me asustaba
me encontraba más atado.
No había ningún remedio,
la locura me envolvía
sin dejarme ver el tedio
en el que me sumergía.
Ahora sí, estás perdido,
por fin metido hasta el fondo…
no hacía falta un adivino
para ver cómo respondo.
Yo, sin darme mucha cuenta,
me la había ganado a ella.
Cuando me la encontraba
me llevaba a las estrellas.
“No nos caeremos”, pensaba.
Todo siempre fue muy bien,
el tiempo, pasaba y pasaba
sin saber muy bien por qué.
De repente, llegó el día.
Yo lloré; no me lo creía.
Aunque tenía que pasar,
no me dijo que se iba…
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)