No me dijo que venía…
Ni siquiera un pobre gesto
me avisó de su anarquía…
Ni miradas, ni sonrisas.
Empezó a pedirme más
como nunca habría soñado
y a la vez que me asustaba
me encontraba más atado.
No había ningún remedio,
la locura me envolvía
sin dejarme ver el tedio
en el que me sumergía.
Ahora sí, estás perdido,
por fin metido hasta el fondo…
no hacía falta un adivino
para ver cómo respondo.
Yo, sin darme mucha cuenta,
me la había ganado a ella.
Cuando me la encontraba
me llevaba a las estrellas.
“No nos caeremos”, pensaba.
Todo siempre fue muy bien,
el tiempo, pasaba y pasaba
sin saber muy bien por qué.
De repente, llegó el día.
Yo lloré; no me lo creía.
Aunque tenía que pasar,
no me dijo que se iba…
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