Dos antenas parabólicas
que se convierten en pájaros
mientras contemplo los ácaros
de esta estancia melancólica.
El Sol se ha escondido ya.
¿Y tú sí entiendes de qué?
Mañana, otra vez saldrá.
¿De dónde? O mejor: ¿por qué?
Porque se lo he dicho yo,
que sin él no puedo verte.
Lejos de este mar de suerte
sólo queda una canción;
que escucho sobre mi cama
viendo, junto a mí, sentada,
a mi vida descarriada
y a una musa despeinada;
porque su pelo me arropa
como la copa del árbol
que aún no ha crecido tanto
para ver caer sus hojas.
Y entre otras hojas caídas,
veo pasar, muertos, mis pies,
que saben que te veré
en este viaje de ida...
No hay comentarios:
Publicar un comentario