Se acabó. Final de la semana,
hoy es como el último día
de una travesía en barca.
Vuelta, sol, risas, adiós,
recuerdos y tristeza y no quiero
dejar de sentir calor.
Quiero y no quiero
llegar a mañana,
fuera de una semana
que ha sido bonita y larga,
ha estado arriba y abajo,
hubo trabajo a destajo,
y los lazos se estrecharon
más que en estos veinte años.
Utopía, podría decirse,
soñar con repetirlo,
aunque espero que no,
que mañana ya me libro.
Libros, no, haremos una hoguera
en que el conocimiento
no sea de boca y bandera.
Dale a la lengua,
que estás callado,
será que no sabemos
de qué hablar cuando no hablamos.
Será que no queremos despreciar,
id con cuidado.
Será que lo de dentro
está tan lejos...
Será que no queremos despedirnos,
separar nuestros caminos;
no será fácil andar.
Que las palabras son mis hermanas,
tras días de vacaciones junto a ellas
llega mañana.
Y no, no me preguntes,
mi boca está sellada,
como un duelo sin espadas,
como un sobre vacío de nada.
Como dineros políticos,
como la mano de un crítico
que siempre mete la pata
porque no puede hacer otra cosa.
Tengo la ventana abierta,
como estas noches de atrás,
en manos de un cirujano,
ingresado en hospital,
perdí la memoria,
no me acuerdo del cuándo
pero intuyo el por qué,
estaba harto.
Llega el fin de esta semana.
El fin de la vida,
o eso me parece,
hasta ahora conocida.
Nos veremos el siguiente día,
no te preocupes,
quedamos en un banco
o en un salto con paracaídas.
Desátame, quítame nudos,
resguárdate conmigo
en la lluvia de la tarde.
Acércate, quema este mundo,
que no digan que no quieres
irte a vivir a Marte.
Preferiría la Luna,
si no te importa,
que ya nos conocemos
y la vida es corta.
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