lunes, 27 de febrero de 2012

La playa...


-Pero, ¿dónde estoy?
­-Acabas de salir de un cuadro.
-Y esta desorientación, ¿a qué se debe? ¿Qué cuadro? ¿De qué me estás hablando?
-Ahora estás confuso. ¡Pues claro que estás confuso! Has hecho un viaje muy largo, atravesando el espacio que separa este mundo del otro, esta realidad… de la otra.
-No entiendo lo que dices. Estás empezando a preocuparme.
-Tranquilo. Todo tiene una explicación (aunque a veces no seamos capaces de alcanzarla):

Estabas en tu instituto,
ahora desconocido.
Todo cambió hasta el punto
de quedarte tú perdido.
Clases no había, lo primero.
Tenía apariencia de hotel,
y, sin preguntar por qué,
abajo había un aeropuerto.

-(¡Ah!)
Allí me encontré a Alberto
mientras una desconocida
los ojos me iba abriendo
y me actuaba de guía.
En esto aparecen noruegos
junto a otros conocidos…
lástima que en este sueño
no eran muy amigos míos.
Y ya en mi habitación
mi inquilina y un su hermano
lo flipaban en colores
con mis parientes cercanos.
Después, para terminar,
cogí una revista en mano
y vi, por casualidad,
el rostro de Luis pintado.
De repente, una multitud.
Me encuentro con Luis y Pablo.
El último, sin decir “mu”,
se parte con el retrato.

(PD:) ¿Delirios?... de verano…
junto al mar Mediterráneo.
(PDPS:) ¡Qué bien sientan
unos buenos almohadazos!
(Unas risas con mi hermano,
y un primo desconcertado…).

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