-Pero, ¿dónde
estoy?
-Acabas de salir
de un cuadro.
-Y esta
desorientación, ¿a qué se debe? ¿Qué cuadro? ¿De qué me estás hablando?
-Ahora estás
confuso. ¡Pues claro que estás confuso! Has hecho un viaje muy largo,
atravesando el espacio que separa este mundo del otro, esta realidad… de la
otra.
-No entiendo lo
que dices. Estás empezando a preocuparme.
-Tranquilo. Todo
tiene una explicación (aunque a veces no seamos capaces de alcanzarla):
Estabas en tu
instituto,
ahora desconocido.
Todo cambió hasta
el punto
de quedarte tú
perdido.
Clases no había,
lo primero.
Tenía apariencia
de hotel,
y, sin preguntar
por qué,
abajo había un
aeropuerto.
-(¡Ah!)
Allí me encontré a
Alberto
mientras una
desconocida
los ojos me iba
abriendo
y me actuaba de
guía.
En esto aparecen
noruegos
junto a otros
conocidos…
lástima que en
este sueño
no eran muy amigos
míos.
Y ya en mi
habitación
mi inquilina y un
su hermano
lo flipaban en
colores
con mis parientes
cercanos.
Después, para
terminar,
cogí una revista
en mano
y vi, por
casualidad,
el rostro de Luis
pintado.
De repente, una
multitud.
Me encuentro con
Luis y Pablo.
El último, sin
decir “mu”,
se parte con el
retrato.
(PD:)
¿Delirios?... de verano…
junto al mar
Mediterráneo.
(PDPS:) ¡Qué bien
sientan
unos buenos almohadazos!
(Unas risas con mi
hermano,
y un primo
desconcertado…).
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